April 16, 2009

 

¿ Rescate o aniquilación ?


Si otros desgobiernos nos han metido en los jaleos que ya golpean a nuestra puerta, ¿qué posibilidad de “rescate” hay? La única manera en que ello sea posible es si primero logramos un diagnóstico certero del padecimiento y eso todavía no lo han hecho ni los gobiernos que gestaron el desorden ni el nuestro; es más, en gran medida nos contoneamos al ritmo del desconcertado compás.

En la medicina recurrimos a las experiencias pasadas para resolver los problemas del momento, igual que en la justicia; pero ¿acaso eso es lo que se está haciendo hoy día? Un breve repaso por la historia de la gran depresión (GD) nos arrojaría un “no” rotundo. Franklin D. Roosevelt y su manejo de la GD nos dejarían espantados; veamos algo de ello y comparémoslo con lo que hoy algunos denominan el new deal II.

El new deal o nuevo acuerdo de Roosevelt pretendió ser un rescate, pero terminó ahondando y prolongando la GD; para muestra algunos botones. Antes que nada, las acciones de Roosevelt, que hoy replica don Obama, fueron más que nada de ensayo y error, o quizás debamos decir “horror”.

El 4 de marzo de 1933 Roosevelt tomó posesión del cargo de presidente de Estados Unidos y unos días más tarde mandó un mensaje acusando que por “tres largos años el gobierno federal, que presidía Hoover, había andado por el camino de la bancarrota. Que en el año fiscal de 1931 el déficit fue de $462 millones… En el 32 de $2 mil 472 millones… En el 33 probablemente excedió los mil 200 millones” y así. Su propuesta básica era la eliminación de los déficits, que contribuyeron al colapso bancario y al ahondamiento del estancamiento económico con gran desempleo. Sin embargo, entre sus primeras actuaciones estuvo la de aumentar en un 25% la planilla estatal. La segunda fue aumentar el gasto deficitario al ritmo de $3 mil 300 millones. Cualquier parecido con la situación actual es mera coincidencia.

También criticó a su predecesor, Hoover, por pedirles a los granjeros que sepultaran una de cada tres hileras de trigo, algodón y maíz, con la cual pretendía mantener los precios ; sin embargo, él no solo pidió a los agricultores que sepultasen sus cosechas sino que les pagó para ello. Esto también se extendió a los huevos, aves, papas, maní, y hasta los cerdos fueron sacrificados en masa; mientras que al mismo tiempo las carestías que ello generó causaron la importación de esos mismos productos.

El comercio y la industria no pueden funcionar a plenitud a menos que exista un flujo de ahorros hacia nuevas inversiones y esto no puede darse cuando el Estado usurpa las funciones económicas propias de los ciudadanos, para lo cual va desviando los dineros, producto de la inversión y el trabajo, a través de impuestos, hacia la maquinaria estatal politiquera.

Roosevelt se caracterizó por sus ataques a la empresa privada como sistema económico. Sus programas de gasto deficitario, inflación y panaceas utópicas presentaron como inmoral el lucro y a los inversionistas como parásitos y a los empresarios como malandrines; lo que fue socavando los mismos cimientos sobre los cuales está fundamentado el estado de libre emprendimiento ciudadano, reemplazándolo por uno de intervención socialista.

FDR sentó las bases y precedentes que hoy han empollado la GDII, al exaltar la actuación del Estado sobre la de sus ciudadanos a título particular, al crear más de 110 nuevas entidades públicas con autoridad legislativa, cosa a todas luces inconstitucional y disparando el gasto deficitario gubernamental.

Desde entonces, tanto en la tierra del Tío Sam, como en tantos otros países, incluyendo el nuestro, se vive la descabellada noción de que la economía es cosa manipulable como caballo a riendas y que le corresponde al Gobierno estimularla, aun con robo generacional.

No podremos convencer a suficientes como para que evitemos seguir cayendo en la misma trampa, pero al menos espero que cuando pase lo inevitable, tengamos la presencia mental de saber qué fue lo que nos aplastó. Es igual que los dineros en inversiones de valores que hoy día se esfuman, pues no entendemos que la mejor forma de garantizar nuestros capitales de ahorro es mediante el trabajo productivo propio, y no mediante una delegación en terceros de eso que tanto nos costó o le costó a quien nos lo heredó.

Proverbial el consejo de “ayúdate que te ayudaré”. Por algo no fue: “ayúdate que el gobierno te ayudará”. De hecho, no te puede ayudar, ni rescatar, ni estimular, a menos que sea protegiéndonos de la criminalidad y proveyendo justicia, lo cual anda manga por hombro.

( Artículo de John Bennett, de la Fundación Libertad de Panamá, publicado en el diario La Prensa)

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